¿Todo listo menos la tesis de posgrado? La realidad detrás del «síndrome TMT»

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Imagen tomada de UDLAP

Si ya cursaste todos los seminarios de tu maestría o doctorado, aprobaste las asignaturas obligatorias y optativas y, sin embargo, continúas aplazando la entrega de tu tesis, debo decirte algo: no estás solo. Suena a cliché, lo sé, pero es una realidad con mucho en el fondo. Te explicaré por qué no se trata solo de ti y qué debes reflexionar para que avances y obtengas, por fin, el título de magíster o doctor. La tesis de posgrado es mucho más que un requisito de graduación o una mera formalidad académica: es un aporte a las ciencias naturales o humanas y es, desde luego, una contribución que tú le haces a tu desarrollo profesional.

El fenómeno de terminarlo todo menos la tesis es tan habitual que en el mundo anglosajón existe una denominación para esto: all but dissertation (ABD) (todo menos la tesis [TMT]) (Carlino, 2005). El Boletín de la Educación Superior (Ministerio de Educación Nacional, 2015) publicó una medición que por primera vez se había hecho en el país: la deserción en los programas de posgrado. La información se consolidó a través del sistema para la prevención de la deserción en educación superior (SPADIES), que realiza seguimiento a los estudiantes que han ingresado a especializaciones, maestría y doctorados desde 2009. 

Los datos del SPADIES revelaron que la mayor deserción se presentó en el cuarto semestre en los tres niveles de educación mencionados. Desertó el 53 % de los que ingresaron a una especialización; el 47 % de los que cursaban una maestría; y el 27 % de quienes realizaban un doctorado. En total, el 51,8 % de los estudiantes que ingresaron a un posgrado desertaron. Es una estadística preocupante tanto por su cantidad como por coincidir con el período en el que, generalmente, se realiza la tesis.

¿Por qué desertan los estudiantes de posgrado en el período de la escritura de la tesis? Existen diversos factores para explicar la deserción y el síndrome TMT. Abordaré cuatro: desafíos económicos, ausencia formativa en escritura académica, soledad y tensiones con el director de tesis, y falta de tiempo en la población de posgrado.  

1. El dinero limita el tiempo y los alcances

Empiezo por señalar una realidad: en Colombia, la deserción no es solo un frenazo académico; a menudo, es también una pérdida financiera. No existe una estrategia institucional sólida que permita el tránsito del pregrado al posgrado para la población de escasos recursos o de clase media que depende absolutamente del salario mensual. 

Muchos estudiantes encuentran una solución (parcial) a través de créditos condonables. Sin embargo, lo normal es que la condonación se realice exclusivamente cuando el estudiante obtenga su título en el tiempo estipulado. De no lograr el requisito, debe reembolsar los recursos. Ciertamente, esta presión económica no ayuda al estado mental que necesita un tesista para afrontar un proceso tan importante como el de escribir la tesis. 

Otras modalidades de financiación son igual o más angustiantes. Por ejemplo, obtener un crédito en un banco o con el Icetex implica una inversión financiera que no es cómoda para todos. Si el proceso de escritura de la tesis no se ve prometedor, muchos podrían abandonar su carrera antes de «malgastar» más dinero

2. «No sé escribir»: la ausencia formativa

Los docentes (y la institución universitaria) generalmente asumen que los estudiantes de posgrado saben escribir. No obstante, la realidad es compleja en este tema. El estudio de Giraldo-Giraldo (2020) realizado en cuatro universidades de Manizales, Colombia, arrojó que el 90 % de los estudiantes de posgrado encuestados manifestaron tener dificultades para escribir la tesis o el artículo científico. De manera paradójica, el 90 % de los directores de posgrados afirmaron que los estudiantes deben acreditar «fluidez para la escritura académica al ingresar al posgrado». Es evidente el choque entre la expectativa y la realidad.

Saber escribir no es saber ortografía, puntuación y uso de tildes; tampoco es escribir «bonito» o «con buenas ideas». La escritura responde a diversos contextos en los que existen determinadas prácticas. Para la escritura de la tesis, lo epistémico es fundamental: el texto comunica y también transforma el conocimiento (el del autor y el del lector). Es un texto que pertenece al ámbito de la comunicación científica y, desde luego, no todo el que llegue a posgrado lo sabe escribir.

La realidad nos dice que diversos estudiantes llegan a posgrado sin antes haber realizado una tesis. En Colombia, hay universidades que permiten la graduación en pregrado mediante pasantías o sometiendo a publicación un artículo (sin que sea indispensable que se publique). Otros estudiantes ingresan al posgrado mucho tiempo después de haber afrontado el proceso de tesis en pregrado. Por lo tanto, no recuerdan mucho de lo que implicó esa escritura. Hay quienes sí lo recuerdan, pero, a decir verdad, lo que hicieron en pregrado no es para nada cercano a lo que necesitan en posgrado.

Escribir una tesis en posgrado debería implicar aprender a escribirla en los seminarios o en cursos especializados de redacción académica. Lamentablemente, esto no es así, aunque existen algunas aproximaciones. Sin embargo, estos acercamientos son remediales y no transforman de manera estructural la práctica de la escritura de tesis en las universidades. 

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3. La soledad y la relación con el director

La soledad y el aislamiento constituyen uno de los obstáculos que enfrentan los tesistas de posgrado, según la investigación que realizó Paula Carlino (2005) en universidades argentinas. A esto se le suman los problemas en relación con el acompañamiento brindado por el director de tesis: poco tiempo dedicado al tesista, distancia geográfica, ausencia de conocimientos específicos, demora en sus respuestas o respuestas inadecuadas. 

Escribir la tesis es un proceso de largo aliento en el que la mayoría de las acciones son solitarias. Se suele pensar que el director es la mayor compañía que pueda recibir un tesista, y en cierto sentido es así, pero la realidad, de nuevo, se opone a las expectativas. El director debería estar en la capacidad de acompañar tanto el proceso de investigación como el de escritura. No obstante, en la práctica se evidencian tensiones en la relación estudiante-director que se suman a la lista de desafíos operativos y emocionales de los estudiantes de posgrado.

En la investigación de Carlino (2005), la mayoría de los estudiantes describió de manera negativa su relación con el director con las siguientes expresiones:

  • «Hice prácticamente solo mi tesis, nunca se incorporó al tema que yo investigaba, puso atención sólo en correcciones formales».
  • «No tenía conocimientos específicos sobre el tema».
  • «Saturado de trabajo: encuentros muy espaciados».
  • «Tiene 2 o 3 veces mayor cantidad de trabajo de la que puede realizar… me manejé mucho sola».
  • «Por ahora no ha participado demasiado».
  • «Aceptó dirigirme creo que por obligación».
  • «No me aporta académicamente en ningún aspecto, desconoce el marco teórico y metodológico, demuestra desinterés por mi investigación».
  • «Sus respuestas tardan en llegar».
  • «Todavía no establecí una relación».

En Colombia, el problema es similar. Giraldo-Giraldo (2020) encontró que los tesistas tenían tensiones angustiantes con sus directores. Uno de los encuestados afirmó que esto ocurre porque «no colaboran con indicaciones para escribir y porque dilatan la revisión de los avances, lo que hace perder ritmo en la escritura». 

La soledad y el aislamiento, que son relativamente normales en ciertas acciones de la escritura de tesis, se ahondan de manera negativa cuando el principal acompañante, el director, no orienta de manera constante, sólida y humana el proceso de investigación y el de redacción. El aislamiento, entonces, deja de ser un retiro necesario para escribir y se convierte en un encierro en el que el tesista intenta combatir los golpes emocionales de un proceso que le exige un conocimiento técnico que no posee del todo, aunque se forme de manera dolorosa.  

Es importante entender que el tesista no debe estar necesariamente solo siempre y que el director no es el único que puede hacerle compañía. El director tiene una obligación institucional, por supuesto, y su presencia es indispensable. Sin embargo, el tesista debe saber que otros colegas pasan por situaciones similares y también necesitan un diálogo entre pares.

Encontrarse entre colegas y charlar sobre el proceso permite compartir soluciones técnicas o encontrarlas en medio de la reflexión conversada. Además, el encuentro entre pares arroja un descubrimiento: los problemas en la escritura de la tesis no se deben meramente a incapacidades individuales, sino a la ausencia de conocimientos técnicos. Una vez se acepta esto, se abre el camino para aprender a escribirla. Estas estrategias autónomas de ninguna manera deben contrarrestar las responsabilidades institucionales y, en particular, las del director de tesis.

4. La falta de tiempo, la familia y el trabajo

Los estudiantes de posgrado pertenecen a una población adulta que por lo general ya posee dos grandes responsabilidades: la familia y el trabajo. El posgrado se convierte en una responsabilidad académica que alcanza su punto de máxima exigencia en el proceso de escritura de la tesis (o incluso antes, en la investigación). Los desafíos económicos, la ausencia formativa en escritura académica y las tensiones con el director impactan mucho más en esta población con responsabilidades familiares y laborales.

Los tesistas de posgrado hacen lo posible por encontrar tiempos en las noches, madrugadas, fines de semana (incluso, en descansos laborales) para avanzar en procesos de búsqueda y selección de fuentes, lectura, redacción, corrección, etc. Los maestrandos y doctorandos necesitan una estrategia de acompañamiento institucional distinta, enfocada en sus particularidades humanas: encuentros virtuales (que complementen lo presencial), espacios de diálogo para liberar tensiones y compartir experiencias entre pares, horarios flexibles para el contacto con el director o el tutor, aportes prácticos que les permitan solucionar inconvenientes técnicos de manera efectiva, etc.

Conclusión

Carlino (2015) sugiere que los tesistas de posgrado necesitan mapas de viaje, brújulas y astrolabios que orienten su recorrido hacia el nuevo mundo de la investigación. Las universidades deben posibilitar estos instrumentos de viaje; sin embargo, no siempre lo hacen. Ante este panorama un poco desesperanzador, el tesista puede detenerse un momento y pensar qué necesita para emprender una ruta que fortalezca su navegación y buscar el apoyo profesional que lo oriente al margen de las ausencias institucionales. Esperar que la universidad resuelva sus faltas no es una opción porque necesita cumplir su propósito: avanzar profesionalmente, lo que implica también un avance personal. 


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Referencias

Carlino, P. (2005). ¿Por qué no se completan las tesis en los posgrados? Educere, Revista Venezolana de Educación, 9(30), 415-420. https://www.aacademica.org/paula.carlino/15.pdf 

Giraldo-Giraldo, C. (2020). Dificultades de la escritura y desaprovechamiento de su potencial epistémico en estudiantes de posgrado. Revista Colombiana de Educación, (80), 173-192. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-39162020000300173 

Ministerio de Educación Nacional. (2015). Boletín de Educación Superior: Por primera vez el país mide la deserción en los programas de posgrado. https://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-349245_recurso.pdf